"El amor es el sendero, la esperanza y el impulso... la fe, mi voluntad".

Zhely Alceda... ♥

¿Qué es violencia?


—Creí que sería como en los cuentos de hadas, una vez que has encontrado tu príncipe azul terminaría la historia felices para siempre. Pero resultó no estar nada cercano el felices, mucho menos el por siempre. Desde el día en que cruzamos el portal de matrimonio mi vida dio un giro que no esperaba.

Recuerdo que sus ojos negros me hacían suspirar cada que me volteaban a ver, más reciente al hoy ese brillo me hacía temblar esperando que mi esqueleto se mantuviera lo suficientemente silencioso para no llamar la atención de sus puños. Es verdad, la violencia alcanza a todos sin distinción. Aquella primera noche que pasamos juntos, fue todo un sueño, vivía en el paraíso, la luna de miel perfecta que cualquier persona desearía para sí misma; esa noche me hice la promesa de darle hasta el último aliento de mi cuerpo, ¿cómo sabría lo cierto que eso sería?

No pasó mucho tiempo después de aquello, no puedo decir que él cambió, tal vez siempre fue igual pero yo no me percaté de la realidad. Dicen que el amor es ciego, y a mí no solo me cegó sino también inutilizó mis oídos o mis manos, peor aún, mi grito se vio asfixiado por el miedo.

Sus dulces detalles que tenía para mí fueron alimentando la ilusión en el que al parecer vivía. Pasó aniversario tras aniversario como las lágrimas que se escapaban de mis ojos. Los golpes que te pueden dar en el alma son peores de los que pudieras tener en el cuerpo, son aquellos moretones transparentes, invisibles para el mundo que te carcomen vivo. Comencé a sentir una distancia entre nosotros, traté de aferrarme a él lo más que pude pero parecía huir de mis amores. El rencor y el asco no se hiso esperar.

Sobre la cama veía mi cuerpo poseído por su lujuria mientras mi voluntad era violada constantemente sin que pusiera resistencia alguna, pedía al cielo que esa noche fuera suficiente para que durmiera lejos de ese laberinto de emociones. Callé el tiempo en que sus ojos se fijaron en otra criatura esperando que regresara a mí esa mirada, callé cuando su sueños se volvieron en mi contra provocando el desenfrenado enojo, callé cuando la inmadurez se había apoderado de nuestras mentes y la casa se convirtió en el eterno campo de batalla.

Escuché mis gritos tras las paredes, sobre las sillas, debajo de la mesa, dentro de la cama. No había ventana suficientemente grande que me permitiera escapar ni puerta cerrada que pudiera abrir. La fuerza llegaba a mis brazos clamando la justicia pero su cuerpo soportaba a carcajadas mis delicados intentos. Me sentía dentro de una camisa de fuerza cuando abrazaba mi dignidad y la pisoteaba cuanto quisiese. Una bofetada, tal vez dos, tal vez miles, tal vez millones, el polvo lo supo y aún así huyó.

Quise despertar de ese mal sueño llamado pesadilla sin darme cuenta de que era tan solo la realidad que había decidido tomar en aquel altar de la iglesia, mi condena se sellaba con el “sí, acepto”, y mi alma cayó al infierno en vida. No fue el alcohol, no fue la droga, no hubo otra mujer. Solo hubo dos, dos extraños mostrando lo peor de sí mismos, convirtiendo lo bello en bestia, las caricias en rasguños, las palabras dulces en hechicería negra, la esperanza en muerte, el deseo en odio, el amor en nada.

Él fue tan culpable como lo fui yo, como lo soy.

Una violencia que pasó desapercibida para el resto del mundo, hay folletos hay campañas hay dinero tirado en la máscara de la hipocresía; no existe la ayuda para quien es como yo.

Hubo una noche, siempre es una noche, en que mi cuerpo gastado ya no le fue suficiente, no hubo orificio que le quitara esa embriaguez del cuerpo. Sus acostumbrados insultos llenaron mis oídos traspasando la protección de la cera, recuerdo su hombría sobre mi rostro salpicando su pudor con orgásmica necedad; mientras la lechosa substancia hacía mascarilla en mi rostro mis recuerdos salieron al rescate.

Él terminó con un lindo puñetazo en la barbilla, otra mordida en el cuello y una patada en la espalda. Poco dolieron en ese momento, mis sentires estaban perdidos en las imágenes que mi propia infancia había creado. Lo miré dormir, tranquilo, sin preocupaciones ni angustias, como lo había visto la primera noche en que estuvimos juntos, era un ángel y entendí porque me había enamorado. Besé su frente y salí de las sábanas con el mayor cuidad del que fui capaz, cerré la ventana con seguro y sellé el cuarto con llave y una cadena que terminaba en el candado reforzado.

Me quedé sobre el sofá meditando, la vela se tambaleaba con la amenaza de apagarse. La observé todo lo que quise, su fuego se hizo mío y la tomé; sentí como caía el residuo en mi mano quemándola, pero yo estaba en la esencia de ella. Caminé en cualquier dirección y comencé la escena que tanto había visto en el espejo reflejando mi propia muerte. Las cortinas comenzaron a incendiarse sin parar, el fuego comía todo lo que tocaba, no había obstáculo suficiente. Salí a la calle y me paré frente a nuestra venta, el humo y la noche hacían imposible ver el interior hasta que la habitación se llenó del colorido rojo anaranjado y el diablo gruñía dentro del cuerpo de ese ser divino con quien había vivido.

Ahí me quedé hasta que los bomberos y la policía llegaron, era demasiado tarde. Sentí las frías esposas en mis muñecas, el sabor de la libertad.


—Pudo pedir ayuda.

—¿Y piensa que no lo hice?

—No sé qué hacer en este caso, Sr. García.

—No se preocupe, esto también pasará, dicen por ahí.


* * * * *

“Tanto hombres como mujeres sufren de toda clase de violencia, no todo es lo que parece.” Terminaba de recitar el abogado frente a los jueces, no fue suficiente, un hombre maltratado no conmociona como la delicada piel de una mujer, para los ojos de la sociedad era solo un hombre mísero que sacó su locura en algún momento matando al que fuera su esposo.

Cincuenta y cuatro años tras los barrotes, la justicia gritaba poderío y victoria, la sociedad se alzaba el cuello por el merecido trato, el hombre solo veía su vuelo detrás del suicidio en la celda fría marcada con el número veintiocho, su aniversario de bodas.