"El amor es el sendero, la esperanza y el impulso... la fe, mi voluntad".

Zhely Alceda... ♥

La evolución del recuerdo.


EPILOGO

Cierras los ojos por favor. Respira hondo y profundo. Quiero que te concentres en tu cuerpo, que te veas a ti misma sobre el sillón con la ropa que traes puesta, la posición en que se encuentran tus pies, tus piernas, tus rodillas, la cadera…; ve subiendo poco a poco en cada parte del cuerpo. Imagina como el oxígeno al tocar tu nariz va helando el canal por donde pasa, cada vez te sientes más ligera. No hay ruido. Solo estás tú en ese espacio, mi voz se vuelve melodiosa y lejana. Cuando escuches “diez” estarás en otra fecha, en otra habitación. Solo eres capaz de escuchar mi voz
Uno.

Comienzas a percibir como la palabra hace eco en tus tendones. El presente deja de ser presente.

Dos.

Pierdes el concepto del tiempo. Solo existen instantes entre recuerdos ya vividos y por vivir.

Tres.

Cuatro.

Tu cuerpo flota en un espacio negro, buscas un recuerdo. Un día, una hora en específico. No hay desesperación, solo conoces la tranquilidad. Estás segura dentro de ti misma.

Cinco.

Seis.

Respira.

Siete.

Has encontrado esa parte de ti que buscabas. Lo ves desde arriba como una película. Tu respiración es más lenta y profunda. Tu cuerpo toma otro momento.

Ocho.

Las imágenes son mucho más nítidas. Eres capaz de percibir el olor, el aire. Sabes exactamente lo que estás haciendo, eres tú la que está realizando la actividad.

Nueve.

Tienes 12 años. Estás en tu habitación y —no estoy en mi habitación— de acuerdo, ¿dónde estás? —en la calle, está oscuro y tengo miedo—. Respira. Relaja tu cuerpo, solo es un recuerdo.

DIEZ.

Vas por la calle caminando. Es 13 de Marzo de 1984, ya pasan de las 11 de la noche. ¿Qué ves?

—No veo nada —¿por qué no ves nada?— tengo cubierta la cabeza, me duele mucho la cabeza. —¿Qué logras percibir?— No lo sé, es difícil… —esfuérzate, dime ¿qué está pasando?



Vamos como en una carroza. Puedo escuchar como los casquillos de lo que creo que son caballos trotan despacio en el suelo. Relincha un caballo, ahora estoy segura de que son caballos. Sigo con la cabeza cubierta, la tela es parecida al que usamos para los costales de arroz o de maíz. Tengo mucho miedo. No sé qué está pasando, yo solo quiero estar en casa donde mi papá y mis hermanos me deben estar esperando.


<<Respira. ¿Qué más está pasando?>>


Bueno, nos hemos detenido. Por un momento siento que una persona abre alguna puerta, me toma entre sus brazos y me carga. Estoy atada de manos y pies, las cuerdas me lastiman las muñecas y los tobillos. Quiero gritar pero también tengo la boca pegada con algo extraño, no puedo mover los labios; intenté moverme pero algo me lo impide, la cabeza me sigue doliendo.

Creo que caminamos algunos metros, no estoy segura de la distancia que recorrimos. Me azotó en el piso, era un montón de paja; los caballos relinchaban. De pronto… ¡NOOOOO!


<<Tranquila. Respira. Sólo es un recuerdo. ¿Qué está pasando?>>


No, no puedo… no quiero…


<<Detén la imagen. Frente a ti hay una pantalla en blanco. Hay paz y tranquilidad en esa pantalla. Respira profundamente, inhala todo el oxígeno que puedas y ve exhalando lentamente hasta que sientas la necesidad de tomar aire nuevamente. Tu cuerpo está a salvo. La pantalla se divide en dos, en tu lado izquierdo está la escena detenida, a la derecha ves el presente, tu cuerpo en un despacho sin ningún tipo de peligro. Sabes donde estás y los motivos que te llevaron a eso, recuerdas que debes tomar una decisión, ¿quieres continuar?>>


Sí.


<<Entonces, vuelve a tomar aire llenando tus pulmones. Al exhalar sientes como regresas a ser esa niña, estás sobre un montón de paja y de pronto…>>


Es su voz. Me dice cosas que no entiendo. Estoy muy aturdida como para ponerle atención.


<<Concéntrate>>


Siento frío. Pero no es en todo el cuerpo, tengo frío en las piernas. Su voz dice cosas incoherentes, siento como me jala del cabello al intentar soltar la cosa que me cubre, solté un grito consumido por esa cosa en mi boca, tengo su rostro frente al mío. Sus ojos son extraños, nunca lo había visto verme de ese modo. Había algo que me daba miedo, son negros y perversos, veía como su miraba recorría mi cuerpo. Y la manera en como ríe, parece un loco maniático. Estoy muy asustada, intento moverme pero las ataduras hacen casi imposible que pueda hacer algo, grité y grité sin ningún éxito de ser escuchada. No pude evitarlo, ya estaba llorando.

Él me quitó la cinta de mi boca y me metió la lengua, me llenaba con su saliva, mordía mis labios y lamía mi cara –estás deliciosa- lo escucho decir varias veces y volvía a besarme por todo el rostro. Sus manos las sentí por el cuerpo, debajo de mi vestido, me está lastimando –todo un capullito- y se hacía más frenético.

Las lágrimas nublan mi vista, su respiración en mis oídos hacían que temblara, estoy temblando y eso hace que él se excite más, me lo repite pasando sus labios en mis orejas y oliendo mi cabello. No puedo hacer nada más, sentí como me desató de los pies y se puso sobre mí, sacó un cuchillo de no se dónde y cortó mi vestido. Para ese instante ya no sentía miedo, no sentía frío; fijo la mirada en el techo del establo e intento no sentir nada.

No sentir como la navaja recorre el tramo de mi vientre, como su pecho se aplasta contra el mío, ambos desnudos; ya no se como gritar, no se quien era, quien soy… Solo, solo quiero que termine esa agonía. Un dolor me hizo salir de mi ensoñación; lo golpeé con todas mis fuerzas pero él mucho más fuerte que yo, reía y se comenzó a moverse no se como, las piernas me duelen, toda la cadera me duele…; él tapó mi boca, no importó cuanto lo mordí, no dejó de…

Yo solo quería morir, pensaba que había hecho algo mal. No podía dejar se sentirlo, de sentir su cuerpo pegado al mío. Su voz hacía eco en mi mente, los animales quedaban callados. Destapó mi boca después de… de… Lo vi alejarse en el carruaje, yo cerré los ojos; solo pensaba en no volver a abrirlos nunca más.


<<Ahora, ¿dónde te encuentras?>>


Estoy en mi cuarto.


<<¿Qué estás haciendo?>>


Intento reconocer lo que hay a mi alrededor.


<<¿Por qué?>>


Acabo de tener una pesadilla, una que la sentí muy real. Pero me doy cuenta de que estoy bien, estoy en la cama toda empapada de sudor. Las cobijas están revueltas y casi tocando el suelo. Prendo la luz y veo mi rostro en el espejo, la pesadilla había sido muy real y podía verlo en el reflejo.

Mis papás entran muy asustados, al parecer me la pasé gritando. Tardamos un rato antes de que pudiera tranquilizarme y volviera a serenarme, esa noche mis papás se quedaron en mi cuarto, la doctora les había recomendado que lo hicieran cuando tuviera malos sueños, que no me dejaran sola.


<<¿Es la primera vez que sueñas eso?>>


No.


<<¿Cómo te sientes en este momento?>>


Dividida.


<<¿Puedes explicarme eso?>>


Es como si fuera yo; pero una parte de mí, tal vez una parte muy pequeña, hace mucho tiempo hubiera dejado de serlo.


<<¿Eres dos personas?>>


No, soy una. Estoy dividida.


<<Quiero que respires profundamente, en cada respiración vas a sentir como vas tomando tu cuerpo de la edad de diez y nueve años, en un consultorio. Quiero que vallas pensando del diez al uno y poco a poco muevas tu cuerpo, iniciando por los dedos de los pies (no olvides seguir respirando) cuando exhales sientes como son tus muslos, tus rodillas, tus caderas, tus manos… hasta llegar a tu cabeza. En la cuenta de dos abrirás tus ojos muy despacio. En uno estarás de vuelta conmigo.>>


*  *  *  *  *



He estudiado esta carrera durante ya 15 años (Salud mental); a lo largo del tiempo he visto como la mente es capaz de crear cosas increíbles, desde convertir la realidad en fantasía hasta ver la fantasía hecha realidad. Pero, ¿cómo podríamos concluir que es verdad y qué solo es algo que pasa dentro, en nuestra cabeza? Y el que pase dentro, ¿se convierte en ficción?

Muchos males se generan precisamente al no saber distinguir esta línea, y no son culpables; pues esta línea no existe. Lo real puede ser mentira y la mentira puede ser real, la diferencia está en como nosotros mismos lo nombremos.

Eso nos deja en un punto muy quebradizo, ¿cómo saber a lo que nos estamos enfrentando? Todo está en como reaccionamos, en la palabra. Nosotros somos quienes le pusimos el nombre a todo lo que nos rodea, desde una piedra hasta un sol. Nombramos a los planetas según el descubridor, al igual que los diferentes elementos de la química y la física. Nos olvidamos de lo esencial, de lo que hace ser una roca precisamente eso, una roca. Hay que aclarar que se habla de la esencia, no de la utilidad.

La roca puede ser silla cuando alguien se sienta a descansar, puede ser puente cuando alguien la pisa para cruzar un riachuelo, puede ser muro cuando la usamos como pared; puede ser muchas cosas, puede ser nombrada de muchas formas… Lo esencial es que ese objeto de la tierra con ciertas características simplemente es.

Así como la roca, las personas también tenemos nombres y tenemos nuestra esencia. Lo cual hemos olvidado por lo mundano del materialismo, por el exterior. Creemos que lo que vemos es la realidad, cuando también muy dentro de nosotros vivimos en otra dimensión, otra realidad.

Tomemos un tiempo para meditar sobre una verdad que nada puede cambiar: la mente es poderosa. Esta es capaz de crear para beneficiar a muchos o para beneficiar a tan solo unos pocos. La inteligencia no va más allá del conocimiento que ya traemos como simples seres parte de una naturaleza. En soledad, somos presa fácil de todo lo que nos conlleva a cometer los crímenes actuales, la pesadilla que sale en los noticieros diariamente; pero unidos por el bienestar, emitiremos vibraciones que hagan que nuestro mundo interior sean los sueños materializados.

A lo largo de esta tesis he intentado demostrado la teoría sobre La Realidad en la Mente Humana. Me permití incluir en este Epílogo como una pequeña extensión de algo que viví con una paciente en mis inicios como terapeuta, con una sola justificación:

No toda teoría tiene un objetivo, la sola acción lleva el poder del cambio. Tal como decía Aristóteles: “Lo que tenemos que aprender lo aprendemos haciéndolo.

Somos seres dormidos soñando terror y dolor, es tiempo de despertar y fijar nuestra atención en lo que nos rodea. Abrir los ojos y ver que el sueño termina en el momento en que un grito de nuestro interior activa los sentidos, ¿cuántos gritos más se requieren necesitamos?

La eternidad existe, y nosotros en ella. Se llama: “La evolución del recuerdo”.



 


Doc. Lizbeth Sánchez A.
Especialista en Psicología Interna.

Tesis: La Realidad en la Mente Humana
Universidad del Estado Mexicano
Mentalidades del Más Allá en Nuestro Entorno.