"El amor es el sendero, la esperanza y el impulso... la fe, mi voluntad".

Zhely Alceda... ♥

Morir para nacer.


El mar había cruzado. Quiso mantener sus pensamientos en el pasado; un pasado que albergaba el recuerdo de haber dejado a su familia, a sus amigos y hermanos; también a esos extraños, aquellos que se le hacían de alguna forma conocibles y semejantes. El sol salía por la misma dirección ocultándose en el opuesto más tarde. Caminó sobre la banqueta, —¿soy feliz? —no dejaba de pensar constantemente— Estoy lejos de aquello que puedo llamar hogar por la llamarada de un sueño. Las personas que caminan a mí lado tienen dos manos, dos piernas, dos ojos, una nariz y una boca; similar a lo que he dejado pero… no es igual, hay algo inusual.

Parecía que el violeta del atardecer acrecentaba sus pensamientos. Dentro, en la línea del crepúsculo, podía ver nítidamente lo que había sido su ayer y lo que podría ser su futuro. Se encontró en medio –el presente-. Visualizó como detrás de los edificios la luz intentaba aún alumbrar en pequeños hilos. Ese momento místico que se repite día a día, no para pensar, no para meditar; un instante que existe sólo para ser disfrutado, para poder ser saboreado y tomar aquello bueno de las lecciones para poder sembrar así las semillas que en un futuro cosecharía.

Suena el celular con un tono tosco rompiendo el encanto en que se había sumergido por duendes del ocaso. —Estoy cerca —fue su única respuesta, colgó y dio la espalda al Templo de la magia al que había asistido tan sólo unos segundos antes.

Continuó su andar observando los escaparates que su lado izquierdo, los autos en su lado derecho; de pronto tuvo una sensación extraña —estoy atrapado dentro de esta jaula —se detuvo viendo la caja invisible en que de repente se veía sumergido, una lágrima salió marcando aquello que no quería aceptar.

—Ahí estás, es tarde —ella le recriminó fuera del teatro.
—Lo siento —respondió él por automático.
—¿Dónde has estado?
—Me he perdido —dijo en seco dando por terminado el futuro interrogatorio.

Ella se sintió ofendida por la respuesta tan absurda pero no dijo nada, lo conocía, sabía que era su particular modo de decir “no te metas”. Entraron en el lugar, él tiró su maleta en ningún lado y comenzó a hacer estiramientos.

“Elasticidad, ¿qué es elasticidad? Según el diccionario, elasticidad significa <<capacidad de ajustarse a distintas circunstancias>>”

¿Él había nacido para ser elástico? Pasó una pierna sobre el barandal y acercó su pecho hasta estar en paralelo formando una escuadra casi perfecta, —¿hemos nacido para ser elásticos? —le preguntó su corazón cuando este se encontró más cerca de su oído por la presión, cambió de pie.  Sus pensamientos terminaron en ese momento, debía estar concentrado. Fue a vestidores y luego a maquillaje; conversó con algunos compañeros de cosas sin importancia, unas risas por acá, otras por allá y cumplía con su papel social requerido.

El show inició, prosiguió y terminó en casi un parpadeo. Estaba cansado y aún así deseó tomar la cuerda y tambalearse un poco más. Sus compañeros lo vieron alejado, ausente. Sin mediar palabra salieron con el mayor silencio posible –entre artistas es entendible saber cuando desaparecer, no son necesarias las palabras.

Su semblante era de tristeza, las pocas luces que había aún encendidas hacían brillar las gotas de sal que caían de la cara para acabar sobre la madera. —No puedo más ­—comenzó a  decir entre sollozos— ¡no quiero continuar! —subía el tono de su voz— ¡DEJENME SALIR! —terminó al fin por gritar.

Abatido por la desesperación y la desesperanza regresaba a su cuarto, no encendió la luz, entró en la habitación directo a la ducha, necesitaba sentir como el agua caía ligera sobre su cuerpo desnudo y se llevaba todo lo que sentía que le sobraba. —Ojalá me ayudara a olvidar —pensó entrando en la regadera— tal vez, si lo deseo con fuerza, pueda desaparecer y diluirme entre la cascada.

Había momentos en que dejaba que fuera su razón el que tomara la batuta, en otros sólo era el vacío de no querer pensar nada. Salió del baño ya secó y con su pijama (playera y pantalón blanco de lana). Prendió el ordenador, intentó mantener la normalidad en sus letras pero más tardó en dar click en “entrar” cuando decidió apagarla.

Seguía compañero de la oscuridad de la noche.

“La elasticidad es la capacidad de ajustarse a distintas circunstancias.” Recordaba.

—He trabajado duro durante todo este tiempo intentando mantener mi cuerpo en forma, moldeable para los movimientos que se necesitan. Mi mente ha sufrido un desequilibrio al igual que mi alma, ya no encuentro las fronteras entre lo que llaman “cuerpo, mente y espíritu”. Me he vuelto uno mismo (mezclado) perdiendo así la noción de quien soy.

Se levantó y abrió el cajón del buró, encendió la lámpara y sacó un frasco de pastillas médicas.

—No puedo ser como la vida me lo pide, no puedo mantenerme en pie mientras ella insiste en golpear cada segundo de mi respiración. No soy permeable, no deseo continuar.

Pensaba al tiempo que regresaba de la cocina con la jarra de agua y un vaso, poco a poco vació el contenido del frasco color anaranjado.

—No soy roca, no puedo mantenerme firme ante la tempestad. –Una pastilla.

—No soy luz, no puedo guiar el camino que no conozco. —Una pastilla.

—No soy mar, no puedo mantener la profundidad sin perderme. —Una pastilla.

—No soy cielo, no pudo ser manto para pintar nuevos sueños. —Una pastilla.

—Ya no más… ¡no soy! —La última pastilla.


La noche selló el canto del grillo en el mudo silencio del despertar. El viento sopló efímero entre los versos de un poeta muerto. Delicado, el sol, comenzó su anunció al amanecer tocando levemente la silueta del cuerpo eternamente dormido. Los ojos fueron abriendo paso lentamente, la luz iluminó de lleno en la ventana. Se levantó y observó cómo, sobre la cama, se desintegraban las únicas cenizas que de su pena quedaban.

—La única forma de nacer, es morir. —El sol esculpía en su nuevo día. Él agradecido por la libertad a la que ahora pertenecía, desplegaba las alas y al vuelo por completo se entregaba.