"El amor es el sendero, la esperanza y el impulso... la fe, mi voluntad".

Zhely Alceda... ♥

Perpetuando corazones.


Desde el instante mismo en que te vi supe que eras quien esperaba, quien soñaba por las noches haciendo que el día anterior fuera algo que valiera la pena aún sin tu presencia.

No pude soltar tu rostro desde ese instante, me perdí entre tus fronteras y mi nombre se convirtió en transmutación del tuyo.

Sobre la banqueta esperas sentado ¿será que no sabes que he llegado? Buscas por los lados y yo sólo te observo desde el interior del café. Quisiera tener el valor y decirte lo que siento, lo que pasa en mi interior, pero sólo me quedo del otro lado del cristal viendo como pasan tus pensamientos. No sabes que existo.

De pronto volteas- seguramente percibiste la mirada- sonríes con entusiasmo. Fue mucho, yo sólo fui capaz de reaccionar volteando el rostro, quito la mirada. Pasa un momento y de nuevo intento verte, ya te has ido. Me quedo triste, de nuevo las nubes nublaron mi día y trato de aferrarme al recuerdo que se quedó muy dentro.

<<Disculpe, ¿está ocupado?>> Estás frente mí, ¡qué locura! Sólo muevo la cabeza muy despacio negando, te veo tomar asiento con esa sonrisa. Tus cabellos alborotados parecen chispas en el aire, los ojos expresan los secretos del mundo. Comienzas a contar historias, a platicar del clima y tantos temas a los cuales perdí interés. Sólo eres tú. –Te estoy aburriendo-, te oigo decir y decides que nuestro rato juntos fue demasiado lejos, quieres marcharte. Te tomo de la mano (no sabría como dejarte ir).

Me ves completamente extrañado, profundizas en mi rostro intentado saber qué es lo que siento, qué pienso. –Te esperaba hace tanto-, dije para calmar tus dudas. Bajaste la mirada.

-Hace rato que te veo en este lugar –comenzaste a contarme- me gusta observar la forma en cómo vez pasar a las personas, cómo logras adentrarte en sus misterios. Tu rostro es sereno y despreocupado, un ángel.
-Me gusta al silencio, me gusta escuchar lo que tiene que decir. Dijo que llegarías.
-Los sueños hablaban de ti cada noche, las campanas replicaban tu voz y mis días se iluminaban. Ahora estoy aquí, frente a ti.
-Sí, ahora estás aquí.

Roce sus labios levemente, tomé su rostro suave con mis manos. Acaricié cada parte de su rostro con mi piel. Su olor a frescura era el complemento que me hacía falta. Fue un beso donde los labios contaron el secreto de amor que en el pasado habíamos aprendido. Sabía que me amaba así como yo a él.

Pago la cuenta y comenzamos a caminar por el parque, tomados de la mano. La gente nos observa, otros señalan. Pero, a estas alturas, no hay cabida a las críticas cuando dos hombres están entregados de lleno a la vida perpetuando sus corazones por siempre.