"El amor es el sendero, la esperanza y el impulso... la fe, mi voluntad".

Zhely Alceda... ♥

Sobre el Lienzo.


-Sobre el lienzo me encuentro, ¿será que en algún momento mi grito salga como estruendo? -Silenciosa debe quedarse ante el matiz de la pintura dibujante,- ¿cómo ser viviente en este mundo que también sobre pintura blanca se envuelve?- Los pensamientos se quedan uniformes entre chorros de agua rojiza esperando que de alguna forma se unan para formar palabras.

El cuadro triste sobre la galería llora las penas derramando cada pincelado en su óleo, -nacer humano para pintar tristezas como yo- era el lamento que por la noche el eco de las paredes hacía retumbar por los pasillos, el rumor de la doncella transparente comenzaba a surgir entre los amantes de lo paranormal. Por el día intentaba sonreír entre chispas de cámaras relampagueantes.

Su autor la dibujó como si fuera su más preciado tesoro, intentando plasmar lo efímero en que la vida se sumergía de repente -nada es por siempre pues el siempre es sólo un instante que dura en lo eterno de un mismo momento- cantaba en cada amanecer cuando el reflejo de los ventanales en el techo mostraba la luz del sol.

Las nubes formaban figuras distorsionando el blanco de su manto, las sombras desaparecían ante sus ojos caídos. Ella que había comenzado su camino en el aumento del lienzo termina sollozando en lo bajo del arte enclaustrando sus sueños dorados.

Todo se encontraba mezclado formando su interior de pensamiento –quisiera desaparecer entre el margen de lo que soy y de lo que debo- se decía al tiempo en que la transparencia la vestía efímera de lo ocurrido. Las sorpresas  ocultas sólo se mostraban en algún centellante vibrar del espejo perdido, flores marchitas la adornaban;  su alma se escapa.

Ella sentada sobre silla de enorme respaldo, de frente el escritorio, la despedida apunto de describir la forma de terminar una vida tiñendo ilusiones de carmesí, escuchando fantasmas que a su lado le dictaban lo que sus ojos no querían aceptar, las lágrimas chorreaban y cada noche debía ser limpiado el suelo plano renegando que la tristeza no puede existir al menos que el alma que habita sea para velar la esperanza escondida.

Él se había enamorado de tan profundo cuadro, años intentando mostrar su estudio sin que el dinero fuera suficiente, la casualidad de una donación terminó por cumplir tan dorado anhelo. Ahora llora frente a ella esperando que algún día ella lo vea de nuevo; como cuando aquella primera vez en la exposición (creyó escuchar un susurro salido de lienzo) y fue entonces que sus ojos aún estaban abiertos.

Intentó, desde su escritorio, hablarle del mal de su alma. Sabía que de alguna forma esa linda criatura que se asomaba tras los chorros de su borde lo escuchaba; lo entendía. Los dos sumidos en su soledad llegó un momento en que  el silencio fue su única forma de comunicación; cayeron sin fondo al precipicio del amor mutuo donde el juntos por siempre sólo era la monotonía del final del cuento relatado.

Una buena noche el fuego frente a ellos comenzó a brotar con más fuerza, las chispas incendiaban todo a su paso. La alfombra antigua era el ancla perfecta para combatir un deseo de vivir ya perdido, aniquilando el cuerpo (reduciéndolo a cenizas ligeras), llevándose así el aire de la calma, la tibieza de un cuadro que al rencor había sobrevivido.

Desde entonces el museo clásico muestra la pequeña que desaparece días tras día y las cenizas de un fiel amado, quien intenta hacerla ver un nuevo y maravilloso día, desde el cuadro de un marco frío de mármol en la tumba que la penumbra entibia.



 Cuadro realizado por Michele Tarallo