"El amor es el sendero, la esperanza y el impulso... la fe, mi voluntad".

Zhely Alceda... ♥

Al sur de tu corazón.


Su cara tras las mantas de la pintura esconde lágrimas dibujadas con crayón en su alma. Padre de familia fracasado al no poder llevar el pan a su casa todas las noches, dos niños pequeños que apenas sabían hablar y ya conocían todas las variantes de las palabras carencia y necesidad. Enloqueció cuando supo que su amada traía al mundo un tercer hijo; tras la noticia corrió bajo la lluvia toda la madrugada, grave error pues al día siguiente no tuvieron para las medicinas y, así sin cuidados, la temperatura cobró parte de la salud sin regreso.

Sobre el circo frío de las calles intentaba causar un poco de gracia con malabares.

Seguro lo has visto en aquel  semáforo y ahora estás recordando lo que llevabas puesto ese día, la forma olímpica en que ignoraste su show. Tú ibas inmerso en tus pensamientos, comenzaste a cuestionarte como la vida podía ser tan injusta después de tanto sacrificio por hacer crecer a esa empresa, que ahora comprender que no sabía dar gracias ni como costumbre barata de un día seco y nublado.

Cruzas una mirada fugaz y tú sobre el auto te pierdes entre laberintos de asfalto.

Sobre el camellón ese payaso cuenta las migajas de polvo que la recolecta le dejo en este entretiempo. La situación comienza a empeorar, no sabía como superar los obstáculos de su presente buscando alivianar el futuro. La garganta de cuando en cuando le rozaba (al no haberse recuperado del todo tras la empapada noticia del aumento de personal hogareño) recordándole que los rezos son para quienes pueden pagar a Dios con metal dorado. Su dolor debe ser olvidado para poder continuar con la monotonía del amargo día.

Tomo un momento antes de continuar con esta historia.

Pude ver tus ojos en sus ojos detrás de los míos. El triángulo de nuestra Bermuda que supera en tiempo y espacio la indiferencia entre el mar y el corazón perdido. La conexión del entendimiento me golpea de frente a la cara esperando que a ti no te suceda lo mismo (al menos no tan fuerte).

¿Será que ya te viste dentro del cruel reflejo?

La tarde llegó como casi todos los días –puntual-, el aire frío no perdonaba la penumbra en el que algunos seres vivían. Había logrado juntar poco más de 20 monedas, todo un éxito para esta época en donde la caridad baja sus porcentajes alarmantemente en los paneles de las grandes empresas, en la sociedad indiferente, en el gobierno inexistente. Un día más fue librado sin la cobija del socorro, una simple lámpara termina el tramo brillante dando paso a las sombras de la noche.

Tus ojos que son de otra.

Amanece frío. Debes ir de nuevo corriendo al trabajo al trabajo, como siempre se te hace tarde para poder tomar el autobús de las 6:45; es inútil intentar comer algo como desayuno y con fuerza tomas el picaporte de tu puerta, tomas la llave y con candado encierras tus ilusiones y sueños llevando contigo el portafolio de las responsabilidades abrumadas y secas. Las sonrisas las dejas olvidadas delante de un espejo sobre el buró, el cepillo peina tus cabellos que acompañan esa máscara que ante los demás debes mostrar.

Disfruta el papel de ganadora sin trofeo ni lugar.

La falda te queda chica y sin despreocupación cuelgas del concurrido transporte al no hallar cupo dentro de las filas seguras entre asientos. Las fantasías de un coche propio te nublan la vista y sin esperar caes sobre un payaso aburrido y tosco. Con asco lo recibes, muestras muecas de palabras altisonantes y continúas tu camino con tu arduo andar, esperando encontrar pronto el nuevo transporte.

Del cielo no caen ángeles.- se repetía el payaso.

Después de ver a la mujer alejarse se puso en pie, se dispuso a comenzar su habitual show en la esquina de siempre cuando tomó una decisión desesperada e inadecuada. Todo debía cambiar fuera cual fuera el camino, la boca de sus hijos decían más con el silencio y el rugido de un estómago vacío. Enmascarado se fue tras joyas relucientes y carteras gordas llenas de billetes verdes.

Riqueza que alimenta la pobreza de tu trabajo.

La nieve comenzó a caer y su tristeza poco a poco fue desapareciendo. En la mesa había algo más que simple polvo. Podían festejar el año nuevo junto con una cena caliente y risas porque todo eso había formado parte de un pasado lejano. Su disfraz de payaso había dado muchas veces en el clavo permitiendo un camuflaje a la maldad de sus acciones. La conciencia se encontraba amordazada muy en el fondo de la sombra, justo donde no podía molestar ni gritar.

En ocasiones era tediosa y molesta reclamando su lugar en alma podrida por avaricia.

Ahora sales a las calles bastante temeroso, eres joven y no entiendes como es que alguien puede ser capaz de causar males en este mundo, amor y paz es tu lema. El recorrido de vuelta a casa es de noche y con los pasos de extraños tras tus espaldas. La cruz que adorna tu cuello junto con la fe es tu mejor defensa ante la violencia innecesaria.

El reloj marcó justo la hora de salida de clases, esta noche el aire soplaba en sentido contrario.

Tu reloj usado marcaba una cifra bastante tenebrosa en tu desconocimiento de la mala suerte. Sientes como el presentimiento comienza a helar toda tu piel, tus venas producen calambres conforme vas pisando tierra de callejón. El murmullo de los drogadictos a lo lejos envuelve el ambiente en la plataforma para la desventura. De frente un payaso, de esos que dan risa seguramente.

Despreocupado pasas por su lado.

Lo ve venir lentamente, el día había sido bastante generoso y aún así su necesidad insaciable del signo más no estaba a la espera. El momento se acercaba, dentro en su traje los preparativos comenzaron, su cabeza buscaba los movimientos adecuados de acuerdo a la situación que se le presentaba. Un joven colegial, de universidad probablemente… -Los fantasmas del futuro comenzaron a mostrar una ilusión que con su nueva profesión sería aún más fácil de alcanzar, sus pequeños dentro de una escuela, buenas notas, hijos en los cuadros de honor, cada nivel pasado con mucho esmero, lleno de orgullo hasta que el cuadro de un título colgado sobre la pared adornaba la sala. Para ese entonces ya no vivían en la pocilga de cartón y aluminio, el departamento era decente y con todas las comodidades posibles: un sofá, una tele, sus camas…  ya no dormirían más en catres sacados de la basura.- Sueños, visiones del futuro.

Un movimiento, un pensamiento, un segundo para cambiar tu rumbo.

La campana de la avenida retumbó un tic- tac de más. El tiempo se detuvo dejando todo sin respiración, lentamente cada acción, cada cerebro estudiaba todo lo que había causado ese destino maldito: los drogadictos buscando saciar las venas contaminadas, el payaso que perdió el camino sobre la joroba de una pobre ilusión y un joven, que sin vicio se condujo al final de su muerte por tan sólo unos centavos que pagaban el pasaje de su camión.




"El boleto de la felicidad se pierde cuando el viento sopla al sur de tu corazón."