"El amor es el sendero, la esperanza y el impulso... la fe, mi voluntad".

Zhely Alceda... ♥

Amores.

Estaba decidido, sabía que tenía mucho tiempo aún pero no podía esperar más. La verdad es que si se hubiera dado cuenta desde antes no hubieran pasado todas estas situaciones que ahora lo llevaban al borde de un precipicio. Sí, era justamente ahí donde se encontraba, en el precipicio de su vida.

Sentía que todo a su alrededor se derrumbaba, todo lo que habían crecido juntos se estaba yendo por aquel túnel que llevaba a la nada. Debía luchar por lo que quería, debía insistir una vez más. Limpiándose el rostro con la manga del suéter comenzó de nuevo a correr bajo la lluvia, el reloj marcaba las 12 menos 15, tenía 15 minutos para llegar e intentar convencerlo de que estuvo mucho tiempo en el error pero ahora había abierto los ojos. Tenía que hacerle ver que no era fácil su situación, no era sencillo ir en contra de todo el cliché que los rodeaba.

La gente aún andaba por las calles con sus fracs negros, las damiselas con sus largos y pomposos vestidos, sobrero con tul que les tapaba el rostro; en ocasiones para simular la virginidad y otras tantas para definir la fidelidad. Bastones se balanceaban a sus costados y uno que otro insulto se dejaba escuchar bajo la tormenta de aquella noche. El estreno de la obra de teatro mantenía las calles repletas de autos lujosos y gente adiamantada. Tenía que apresurar su andar.

El pitido del silbato ya se anunciaba, no quiso traicionar al tiempo al querer ver las manecillas, mantuvo la mirada fija en la silueta que entre todas las sobras sobresalía. Era a quien esperaba ver, siempre tan alto y fornido como cuando dese hacía tres años se le había presentado.

Bandera de nuevas experiencias llevaba sobre su saco, le había contado historias donde el pecado sea hacía presente, el amor entre los hombres era natural como entre las criaturas que un creador formó un día hace millones de años, según contaba la biblia. Esta de pie, frente a él se quedó seco sin decir palabra, sin más tomó su rostro entre sus manos y comenzó besarlo apasionadamente, no importaba la sociedad, no importaba las etiquetas.

Sólo importó ese momento en que se amaron dentro de un beso, labio a labio sin asco y sin viboreo. Juntaron sus almas en el te quiero y juntos de la mano dos hombres de frac llevaron su sueño muy lejos de las habladurías una ciudad.