"El amor es el sendero, la esperanza y el impulso... la fe, mi voluntad".

Zhely Alceda... ♥

No le temo a la muerte.


No le temo a la muerte, se que en algún momento me tomará con sutileza fugaz e iremos paso a paso por el puente de la eternidad. Tal vez el miedo lo causa este cuerpo que presiente que pronto no será más utilizado, desaparecerá la conciencia de la existencia terrenal y sólo volaré como suspiro entre los pensamientos de aquellos que toparon su mano en mi camino-. Era el comienzo del nuevo escrito, calmando lo que sentía, salió al balcón a tomar un poco de aire, era extraño la forma en como percibía el mundo ahora que sabía, ahora que había tomado la decisión de entregar su vida. Estaba complacida por esta decisión, no se permitía pasar las memorias de frente para evitar la tristeza que eso conllevaría, estaba sola en esa cuidad que desde la lejanía la había invocado por tantas madrugadas. Ahora se encontraba justo la parte de arriba de aquel edificio de 11 pisos, desde ahí lograba ver la línea entre el horizonte y el sur. Ese sur… comenzó de nuevo sus pensamientos divagar.

El sur siempre debajo del norte, a los lados del oeste y del este… ese sur que llamaba en cada paso del aire, que transitaba primeramente las estaciones del año, avisaba si sería año bendito o año maldito. El sur representaba aquello que nadie sabía, la fortaleza de los cimientos, todos podían ver siempre lo que hay arriba del pavimento, pero el sur… las huellas de un paso marcado, el transitar del tiempo y el espacio, el sur… el lugar donde regresaría después de nunca estar presente, su lugar.

La brisa del mar le llenaba la piel con ricas gotas de sal oceánicas, los peces sabían su secreto, por eso siempre tan al fondo, siempre tan azul, tan oscuro, tan misterioso; la llave… la llave sólo en la luna podía encontrarse- dejaba a su mente continuar con el viaje de sus pensamientos- las aves seguían el vuelo, tal vez también supieran lo que se acercaba y así continuaban disfrutando el paso del viento entre sus plumas, cada aleteo era un triunfo ante la vida, su canto por las mañana era el himno de la alegría. Las montañas, allá distantes mecían la melancolía del cielo, su vestimenta oscura era bañada con granizo blanco… el mundo estaba conciente, se preparaba, lo sentía y así se recreaba con cada nuevo día.

No podía darse el lujo de la despedida, en la noche no habría quien leyera su último adiós, su última mentira… incompleta, inconclusa; así queda el escrito mostrando la justa forma en que termina la mirada ausente de la agonía concebida. Justo después del paso de la muerte quedan las mesuras de un reflejo de la mano amiga calmando las ánimas sin dicha, llorando lágrimas sin vida, matando la luz del día, silenciando el ruido de la poesía… la musa muerta caminando junto a la osadía del nuevo mundo escondido en la llama de la vela encendida.

Extraña sensación al sentir que es mi futuro escrito añadido y no el producto de ficción del personaje con cierta semejanza en la silueta en un simple día a día… escribir, suspirar, sentir, esperar… esperar que el telón llegue al punto en que debe entregar aquello que sólo dentro de la verdad se puede mostrar. Pensamientos viven, pensamientos mueren y el oxígeno del mundo se llena del efímero canto de la muerte… no le temo a la muerte, se bien que será la existencia principal del teatro en mi mente.

-Si, así termina el escrito-. Se oyó por lo bajo antes de apagar la luz, la noche arrullaba sus sueños, la escritora dormía plácidamente sobre la sábana fría; una luz, un sollozo y nadie sabía lo que pasaría si el sol no salía.