"El amor es el sendero, la esperanza y el impulso... la fe, mi voluntad".

Zhely Alceda... ♥

La Cadena de la Felicidad.


En alguna ocasión me encontraba, sola, caminando por la calle. Era una tarde donde el ocaso comenzaba a notarse increíblemente sobre la ciudad, era hermoso el paisaje que se podía contemplar desde la lejanía; inspirada en la majestuosidad de los colores, decidí quedarme acurrucada sobre un enorme árbol llorón, de aquellos que sus hojas caen largas y llegan a sacudir el suelo.

El sol tocaba las puntas de las montañas y estas agradecidas celebraban la cercanía con vestidos de colores, aquel bello espectáculo dónde todo cambiaba como notas de una música sorda para mis oídos pero armoniosa al corazón.

-Hermoso, verdad- decía el niño al acercarse a donde me encontraba -¿Puedo sentarme?- Pidió con voz temple, en sus ojos se podía apreciar claramente un brillo de luz de aquel sol que iba muriendo con el día, su mirada destellaba sensación de eternidad, congelando el segundo en el tiempo, cada instante.

Sí, lo es. Cuando era niña solía sentarme aquí con mi padre, él gustaba de platicarme historias de fantasía, historias que siempre animaban mi estado de ánimo; cuando más sola me encontraba, secó con sus palmas viejas muchas de mis lágrimas. Bellos recuerdos, como el atardecer que se muestra ante nosotros, pero… ha fallecido.

<<El niño la miraba fijamente, con pizca de curiosidad, ella sentía tranquilidad al encontrarse a su lado, tenía una sensación extraña de conocerlo desde siempre.>>

-¿Ves aquella rosa?- comenzó a decirme el niño señalando un punto más allá -acércate un poco para que puedas contemplarla.- Hice lo que me pidió sin pensarlo; cerca, algo brillaba, largo y delgado como oro, una diminuta cadena caía sobre de su tallo. En el centro colgaba un dige, dibujado en su interior con caligrafía perfecta, se haya la palabra "Felicidad" grabada.


Quise mostrársela al pequeño, pero ya no se encontraba por ningún lado y el sol inició el último paso dando lugar a la noche. Las estrellas resaltaban más en el cielo. Bajo el árbol halló una pequeña caja de madera; la tomé y la abrí con el dige, que actuaba como llave. Al ver su contenido el asombro me robó un suspiro, sólo contenía dos objetos diminutos, un espejo, simple sin ningún adorno y una hoja doblada por la mitad... al terminar de leer su contenido tomé el espejo y viendo mi reflejo en su interior, no logré evitar que las lágrimas salieran, formando caminos indistintos en el rostro, terminando suaves y ligeras sobre el pasto.

Después de unos instantes, tomé la hoja, lo guardé dentro de la caja junto con la cadena y emprendí el camino de regreso a casa; la tristeza ya no existía, era evidente que su alma se encontraba en paz y, al fin, había encontrado en medio para despedirse. Sobre el cristal de la ventana, se veía lo escrito en hoja:


       Mi querida Rosa,

He tenido que partir, al verte sentada en nuestro árbol durante tantos momentos agradables y no tan agradables, supuse que este día vendrías de nuevo.

Deseo que sepas, que me llevo maravillosos recuerdos de nuestro tiempo juntos. Cada minuto transcurrido fue de alegría o gozo para mi alma y mi ser, que ahora puedo irme tranquilo, sabiendo que tú estarás bien.

Te dejo un último mensaje en esa nota, no olvides que la verdadera felicidad se encuentra dentro del espejo. Cada que tu sonrisa quiera desaparecer recuerda este día, en que la Cadena de la Felicidad llegó a tu vida y te abrió los ojos junto a un nuevo sol.

               
                                                         Tu Padre.